El futuro es incierto. No sabemos cuál será la próxima tecnología disruptiva que deje obsoletos los desarrollos en los que acabamos de invertir cientos de miles de euros. Ni cuando saldrá al mercado un competidor que desarme nuestra estrategia con un modelo tan innovador que nos obligue a replantarnos el nuestro por completo. Tampoco podemos controlar factores geoestratégicos que disparen nuestros costes, como un incremento desproporcionado del precio de las materias primas o una crisis energética. Ni siquiera podemos estar completamente seguros de la fidelidad de nuestros clientes o de la estabilidad de sus gustos y preferencias. De lo que sí podemos estar seguros es de que en el caso (más que probable) de que se produzca alguna de estas circunstancias adversas estaremos mejor preparados para adaptarnos a esos nuevos escenarios si los recibimos con una actitud activa.
Intentaré explicarlo con una metáfora. Si una tormenta hundiera el barco en el que navegamos, ¿cómo tendríamos más opciones de salvarnos del naufragio, dejando que las olas nos llevaran flotando a su antojo o nadando activamente hacia la costa? La formación continua es la opción de quienes eligen y deciden conscientemente nadar hacia la costa, la de quienes piensan que la forma más efectiva de vencer a las circunstancias es enfrentarse a ellas. Estas son algunas de las ventajas de esa forma de actuar:
- Satisfacción de la plantilla. La formación continua de los trabajadores supone apostar por su desarrollo profesional, un factor que todos los estudios señalan como clave para las personas a la hora de decantarse por una empresa donde trabajar. El mensaje de “creemos en vosotros y queremos ayudaros a alcanzar vuestra mejor versión” que lleva implícita una buena política de formación continua transmite una preocupación genuina de la organización por el crecimiento profesional de sus trabajadores, y eso tiene un efecto muy poderoso en la atracción y fidelización del talento.
- Adaptación tecnológica. La formación continua es una obligación y una cuestión de supervivencia en unos mercados marcados por la digitalización y el avance tecnológico y en los que la velocidad del cambio es exponencial. En un contexto en el que lo último en tecnología puede quedar obsoleto en unos pocos meses y en el que lo que hoy es rompedor, mañana puede ser, simplemente, roto, la única forma de salir airoso de ese estado de transformación permanente es asegurándonos de que nosotros mismos estamos también en estado de transformación permanente.
- Conexión con el entorno. No solo cambia la tecnología, también lo hacen las sensibilidades, las prioridades sociales, los gustos de los consumidores y el mundo en general. Cuestiones que antes eran secundarias hoy cobran gran importancia. La sostenibilidad, la diversidad, la economía colaborativa o la flexibilidad laboral son elementos que marcan las decisiones de consumo y la manera de hacer negocios en la actualidad, y las empresas y sus personas necesitan estar conectadas con esas nuevas realidades para responder a las necesidades de sus clientes.
- Versatilidad. Hoy la velocidad del cambio es un factor incluso más determinante que el cambio en sí. Cuando todo sucede en un parpadeo no hay tiempo para abordar grandes transformaciones, porque cuando quieres reaccionar ya es tarde. Necesitas tener una gran capacidad de respuesta y de anticipación. Y para eso precisas de personas preparadas para asumir nuevos reto y funciones, y con la capacidad de aprender nuevas tareas y tecnologías rápidamente. Un aprendizaje continuo, ágil y basado en programas de upskilling y reskilling nos ayudará a conseguirlo.
- Resiliencia. Esa capacidad de reacción, casi instantánea, a los devaneos del mercado, fortalece a las organizaciones e incrementa su resiliencia. Cisnes negros, revoluciones tecnológicas, competidores disruptivos… Tal vez no podamos adivinar cómo será el próximo evento que nos obligue a replantarnos nuestra estrategia ni cuándo sucederá, pero si podemos anticipar que, tarde o temprano, ese evento desestabilizador se presentará y nos golpearía con fuerza, y esa preparación es el primer paso para protegernos de su impacto.
- Empoderamiento. Lo de que “creemos en vosotros y queremos ayudaros a alcanzar vuestra mejor versión” no era una frase hecha. Las transformaciones por las que atraviesa el mundo son de tal envergadura y alcanzan tantos ámbitos, que las empresas necesitan contar con su mejor talento y en su estado óptimo de motivación y capacidades para afrontar esos retos superlativos. Nuestros empleados necesitan estar a la última en cuanto a conocimientos técnicos, pero también contar con suficientes herramientas y habilidades blandas para superar esos desafíos. Necesitan sentirse poderosos. Y ese superpoder que sus empresas pueden conferirles se llama aprendizaje continuo.

