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La mejor estrategia empresarial: que tus empleados “amen” su empresa

Quien más y quien menos, pero sobre todos los que tenemos un perfil abierto en Twitter y somos bastante activos en esa red social, hemos seguido con interés los acontecimientos que en las últimas semanas están sacudiendo los cimientos de la empresa del pajarito azul. No cabe duda de que la llegada a la compañía del magnate Elon Musk no está pasando ni mucho menos inadvertida. No es el creador de Tesla un personaje de perfil bajo, precisamente. Pero más allá de las llamativas noticias de despidos y renuncias, de las formas, de los ultimátum y de las cajas destempladas con las que parece abrirse esta nueva etapa de la plataforma de mensajes cortos más famosa del mundo, en todo este convulso proceso subyace un hecho mucho más preocupante que un simple cambio de ciclo, y que, de confirmarse, no augura nada bueno para el Twitter que viene. Me estoy refiriendo al desamor.

Sí, desamor. Desamor de los empleados hacia la empresa en la que trabajan. Y no solo de los que han salido ya de ella, sino, especialmente, de los que se quedan. Un desapego que en estos últimos días ha quedado plasmado con patente amargura a través del ya famoso hashtag #LoveWhereYouWorked (“ama donde trabajabas”). Un hashtag con un verbo en tiempo pasado que sustituye ese otro, en presente, que hasta hace apenas unas semanas era la seña de identidad y el orgullo de los trabajadores de Twitter.

La sensación es que el cambio de propiedad no solo ha traído novedades organizativas, en la estrategia o en las posiciones clave del organigrama, –algo habitual siempre que se produce una compra empresarial–, sino que sus consecuencias son mucho más sutiles y peligrosas para la supervivencia de la empresa.

La sensación, como digo, es de que se ha podido quebrar ese hilo invisible pero enormemente robusto que une a una empresa con sus empleados: el del compromiso, el del orgullo de pertenencia, el, en definitiva, del amor a la empresa. Y eso es un drama para cualquier organización.

En los entornos actuales, y más en un mercado tan competitivo y escaso de talento como el tecnológico, la capacidad que tenga una empresa para “enamorar” a sus actuales y potenciales trabajadores es uno de sus mayores tesoros en términos de competitividad. Si una compañía consigue dar a sus profesionales motivos para levantarse de un salto de la cama un lunes por la mañana para acudir con una sonrisa en la boca a su puesto de trabajo, tiene ya más del 70% de sus objetivos estratégicos del año asegurados.

Y es que ese pegamento invisible al que algunos llamamos “engagement” y que no puede ser medido por ningún KPI al uso es el más poderoso y eficaz catalizador de la productividad empresarial que existe. Se trata de algo difícil de explicar, una especie de magia cuya fórmula se compone de una combinación de factores, como dar al empleado la posibilidad de contribuir con su desempeño individual a un proyecto colectivo retador, con significado y con sentido de propósito. Un proyecto en el que su voz es escuchada y tenida en cuenta, desarrollado en un entorno agradable, divertido, que fomenta el aprendizaje continuo y la colaboración, y en el que el trabajador es tratado con respeto. Una atmósfera laboral ‘fun’ que favorece que los empleados se conviertan en ‘fans’ de su empresa. Creedme, no hay oferta salarial, beneficios sociales ni condiciones laborales capaces de imponerse a eso.

La Madre Teresa de Calcuta, en una corta ponencia durante cierre del Congreso sobre Liderazgo y Cambio, celebrado en el año 1991 en San Francisco dijo: “Yo no sé nada sobre liderazgo y cambio; pero sí sé que si quieren ver cambios en sus organizaciones necesitarán conocer y amar a su gente”. Y yo añado, “Y ellos te lo devolverán”.

Tengo a Elon Musk por un gran empresario y por una persona inteligente, así que estoy seguro de que es consciente de que el devenir emocional de los acontecimientos en Twitter no está yendo por el buen camino. Recuperar el hashtag #LoveWhereYouWork, en rabioso tiempo presente, debería ser ahora mismo su mayor prioridad. Por encima de sanear cuentas, rediseñar estrategias o revitalizar el valor bursátil de la compañía. Porque ninguna de esas medidas tendrá el menor efecto sí quienes tienes que implementarlas no están enamorados del proyecto.

Hagan que sus empleados amen la empresa en la que trabajan; en presente continuo.

 

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